La tercera guerra mundial "bioterrorismo"

bioterrorismo aflatoxinas en alimentos

jueves, 28 de febrero de 2008

LA TERCERA GUERRA MUNDIAL “BIOTERRORISMO”
(4 parte)


La intención principal de este artículo en sus cuatro partes, es la de reflexionar acerca de algunos hechos del pasado y del presente, que demuestran que es necesario tomar conciencia del peligro que representa el “bioterrorismo”, principalmente el relacionado con la seguridad alimentaria, el medio ambiente y desarrollo sostenible. De lo contrario, indiscutiblemente no habrá futuro y la prosecución de la vida sobre la tierra se extinguirá tempranamente.
Ahora bien, así como las armas biológicas han cambiado de nombre, las enfermedades también. Se ha percatado usted, que los síntomas fisiológicamente hablando, por ejemplo de: la fiebre española, la peste bubónica, la malaria, el dengue, la rabia, la leptospira, la gripe aviar, el virus del Nilo, la lluvia amarilla, el resfriado común, entre otras, ocasionan similarmente, los mismos aspectos clínicos tanto en humanos como en animales, tales como: fiebre de aparición brusca y alta; cefalea; dolor ocular u ojos enrojecidos; artralgias; malestar general; erupción en la piel; diarrea; tos; fatiga; dificultad respiratoria; inflamación en los nodos linfáticos, el bazo, el hígado; destrucción de tejidos (hemorragias internas). Y por ende, la consecuencia en todos los casos es la depresión del sistema inmunológico del organismo.
Por ejemplo, una persona X manifestó la mayoría de los síntomas mencionados anteriormente. El médico no estaba seguro si se trataba de una neumonía o bronquitis, malaria, mononeuclosis, dengue. Por tanto, según examen clínico, el galeno receto acetaminofen para la fiebre, jarabe para la tos y antibiótico para la infección respiratoria.
No obstante, recomendó que antes de suministrar el antibiótico se realizará una hematología y seguimiento de plaquetas. De allí pues, las plaquetas estaban bajas y los glóbulos blancos altos. Entonces, se creo la disyuntiva: sí no se aplica antibiótico rápidamente, se comprometen los pulmones y puede ocasionar un derrame pleural y, sí se aplican los antibióticos y, resulta finalmente ser un dengue, se desencadenan las hemorragias internas, se agrava el cuadro clínico y por ende, bajan más rápidamente las plaquetas. De hecho, se puede ocasionar hasta la muerte.
Gracias a dios, se buscó orientación con otros médicos y, la persona X solo recibió antibiótico por dos días, para ayudar al organismo a defenderse. El tratamiento definitivo consistió en: acetaminofen cada 6 horas, sopas de patas de pollo, yogurt de fresa, agua de coco, suero, té de flor de auyama, verduras, frutas y reposo absoluto durante 21 días. Nada de citricos. Luego de cinco días continuos de fiebre, le realizaron los tests de dengue (Clásico y hemorrágico) y de mononeuclosis, y ambos dieron negativos.
Finalmente, se comprobó fisiológica y clínicamente que toda la sintomatología presentada por X reveló notoriamente que se trataba de un dengue hemorrágico, más no fue sustentado por examenes de laboratorio. Pero, posiblemente no era un dengue normal, de picadura de la zancuda patas blancas, sino un dengue “Y” producto del bioterrorismo, como lo afirmó recientemente una valiente y responsable galena venezolana.
Sin embargo, otros pacientes no han corrido con la misma suerte que X, puesto que los médicos les sumistraron antibióticos y otros medicamentos, que en algunos casos ocasionaron desenlaces fatales.
También se nota, que las infecciones modernas (producto del bioterrororismo) son resistentes a los antibióticos de última generación y de hecho, no existen vacunas que las combatan. Adicionalmente, se han manifestado en nuestros días antiguas enfermedades, que supuestamente estaban erradicadas (tuberculosis, malaria, fiebre amarilla, otros) y a la postre, es evidente que todo a nuestro alrededor ha evolucionado menos nuestro sistema inmunológico.
Se deduce pues, que a lo largo de la historia y el devenir social han existido y existen numerosos ejemplos de conspiraciones o atentados bélicos bio-químicos silenciosos y macabros. Sin embargo, esas tesis o hipótesis son difíciles de sustentar. No obstante, no se puede negar que el capitalismo, el consumismo de masas, la globalización, la biotecnología, todos son pseudónimos de colonización y hegemonía, los cuales indudablemente solo llevan a un mismo destino: “LA DESTRUCCIÓN DE LA HUMANIDAD Y EL PLANETA TIERRA”.
¡Queridos hermanos y hermanas! no existe ninguna justificación, ni excusa posible para seguir permitiendo y consintiendo este homicidio y genocidio humano, Por lo tanto, es urgente y prioritario tomar conciencia de estas cuestiones relacionadas con la seguridad alimentaria, los problemas medioambientales y desarrollo sostenible, que no son elementos independientes ni es asunto de pocos, por el contrario, estos constituyen un todo y por ende, debemos luchar y trabajar mancomunadamente para mejorarlo y sustentarlo para las próximas generaciones. Sino ¿Dónde viviremos?.
Por favor, esto es un S.O.S. ¡No tenga miedo!. ¡Levante su voz! . De lo contrario, el único responsable de esta catástrofe será el silencio y la complicidad del hombre mismo. Solo falta usted para ganar está guerra y el premio es nada más y nada menos que LA SALUD Y LA VIDA.
La salud no es solo ausencia de enfermedad; es bienestar social, mundial y, sobre todo es precaverse del daño ante la más leve amenaza (Diccionario Encarta). ¿Cuántas amenazas hay?
Finalmente, pido disculpas puesto que no soy especialista en estos temas, solo soy una docente investigadora, aportando un granito de arena en la lucha por alcanzar un mundo mejor.(www.aflatoxinasbioterrorismo.blogspot.com)

sábado, 23 de febrero de 2008

LA TERCERA GUERRA MUNDIAL “BIOTERRORISMO”
(3 parte)


En la simbólica tercera guerra mundial “bioterrorismo”, las armas biológicas y químicas son las “toxinas o venenos” fabricados, autorizados y utilizados vilmente por el hombre (las aflatoxinas en alimentos, los ántrax, los agroquímicos, las semillas transgénicas, los fármacos y otros). Los aliados terroristas, son las trasnacionales. Los soldados, son los cómplices. Y lamentablemente, las victimas, son los seres vivos y el medio ambiente del planeta.
A titulo ilustrativo, en las convenciones sobre Armas Biológicas y Toxinas realizadas a partir de la década de los setenta, se ha definido progresivamente a las toxinas como: - “químicos tóxicos producidos por organismos vivos”; - “sustancias tóxicas producidas por organismos biológicos, que incluyen microbios, animales y plantas”; - “material tóxico de plantas, animales, microorganismos, virus, hongos o sustancias infecciosas, o una molécula recombinante, cualquiera que sea su origen o método de producción”; - “cualquier sustancia venenosa o producto biológico que pueda ser construida como resultado de biotecnología producida por un organismo vivo”, entre otras. Igualmente, en dichas convenciones se negocian tratados relacionados entre otras temas con la renuncia de los países miembros, a la preparación ofensiva para el uso de toxinas como método de guerra (fuente: Anexo 2: Toxinas en http://www.google.co.ve/search?hl=es&q=http%3A%2F%2Fwww.paho.org%2FSpanish%2FDD%2FPED%2Farmasbiologicas6.pdf.&btnG=Buscar+con+Google&meta=).
Es por ello y, por muchos otros agentes bioquímicos, que es urgente y prioritario: a) Cambiar la forma de alimentación, los falsos alimentos, las comidas chatarras, por una nutrición equilibrada natural, sana, nutritiva e inocua; b) Eliminar los modos de producción agrícolas y pecuarios en contravención con los órdenes evolutivos, ambientales y ecológicos, es decir, se deben utilizar métodos más respetuosos del orden biológico, con la finalidad de proteger el medio ambiente y los recursos naturales; c) Prohibir el uso de las semillas transgénicas, pesticidas, agroquímicos y demás insumos agropecuarios; d) Impedir y/o eliminar la presencia de las aflatoxinas y otras toxinas de los alimentos en general. e) Analizar y mejorar los estudios epidemiológicos para controlar las enfermedades infecciosas, no infecciosas y sobre todo las enfermedades de trasmisión alimentaria (ETA), con el fin de comprender sus orígenes y su forma de propagación; utilizando las herramientas más avanzadas de la microbiología, de la toxicología y de la genética molecular. f) Diseñar e implementar un sistema de información y base de datos automatizado, centralizado y de fácil acceso, que actualice las estadísticas y, que además apoye los servicios de atención al público y la participación ciudadana; g) Diseñar leyes en pro de la protección de la salud y el desarrollo sostenible; h) Promover la articulación del sector público y privado para la producción de insumos y medicamentos según prioridades de las legislaciones sanitarias; i) Rechazar los experimentos contra la vida; j) Revisar la documentación técnica que sirve de base para la reglamentación referente a buenas prácticas veterinarias, residuos de plaguicidas, de medicamentos veterinarios en alimentos normados; entre otras.
En fin, el poder ejecutivo, legislativo y judicial a través de los ministerios e instituciones oficiales y sanitarias, debe controlar, fiscalizar y vigilar exhaustivamente la calidad, inocuidad y seguridad de los alimentos, los insumos agropecuarios, las medicinas, la biotecnología, entre otros. Claro está, no se quiere significar con ello, que el ESTADO es el responsable y culpable absoluto de esta problemática.
En este sentido, resulta oportuno plantearse la siguiente interrogante: ¿El Estado fabrica los alimentos, los agroquímicos, las semillas transgénicas, los fármacos u otros? O, ¿son las trasnacionales y las empresas privadas?.
Evidentemente, se puede aseverar, que la falta de certificación de inocuidad y seguridad de los alimentos y afines, presenta dos directrices fundamentales. En primer lugar, la empresa fabricante, puesto que, descuida el control de calidad (¡quien sabe sí intencional y conscientemente!) sin importarle las consecuencias irreversibles y nefastas que ocasionan sus productos, tanto en el organismo como en el medio ambiente.
Pero en segundo lugar, dicho compromiso recae colateralmente, en la falta de inspección, vigilancia y fiscalización eficiente por parte de los funcionarios públicos que laboran en las aduanas e instituciones sanitarias oficiales.
Sobre la base de las consideraciones anteriores, perdonen mi atrevimiento, pero estoy segura que los más idóneos para desenmascarar a los aliados terroristas y a los cómplices de esta simbólica tercera guerra mundial, son forzosamente, los auténticos, éticos, comprometidos, incorruptibles y dispuestos profesionales en materia agroalimentaria, los médicos, los bioanalistas, los toxicólogos, los epidemiólogos, los investigadores, los inspectores y/o funcionarios públicos sanitarios, entre otros.
Sin embargo, las personas conscientes, responsables, dedicadas, altruistas e incansables, también somos aptas para combatir ésta y otras guerras bioquímicas. Además, los venezolanos y venezolanas disfrutamos no solo de poder ciudadano, poder comunal, contraloría social, entre otros, sino que contamos con un dictamen judicial, relacionado con una intoxicación alimentaria por aflatoxinas (fuente: http://barinas.tsj.gov.ve/decisiones/2007/octubre/804-15-4782-511.html).
Asimismo, la población venezolana goza de las armas más potentes del mundo para acabar con este genocidio, como son: la verdad, el amor, la libertad de expresión, la cooperación, la solidaridad, la fraternidad, la justicia social, la equidad, la empatía y sobre todo, apuntamos hacia un objetivo o sueño común: “conquistar la paz mundial”.

domingo, 10 de febrero de 2008

LA TERCERA GUERRA MUNDIAL “BIOTERRORISMO”
(2 parte)

Elena Galdón
elenagaldon@hotmail.com

En la primera parte de este artículo, se detallaba, como a lo largo de la historia, diversas armas biológicas llamadas pestes, virus, viruela, influenza, rotavirus, dengue, hepatitis, aflatoxinas, sida, ántrax, entre otras, han sido utilizadas por el hombre con fines macabros e intencionales. Asimismo, se matizó que en nuestros días, la mal denominada biotecnología (porque bio, significa vida), las semillas transgénicas, la revolución verde, los agroquímicos, las aflatoxinas en alimentos, entre otros, constituyen los instrumentos y atentados bélicos más viles que la humanidad ha inventado y autorizado; con el único objeto de anteponer los intereses económicos por encima de los valores fundamentales.

De allí pues, es necesario provocar una ruptura con el sistema capitalista y colonizador establecido por los dueños del mundo “las trasnacionales”. Los cuales, no solo consolidan la dependencia agroalimentaria de los países menos desarrollados y confiados, como Latinoamérica, sino que componen una tropa de aliados o mejor dicho terroristas, que manejan y utilizan indiscriminadamente las armas biológicas, perdón quise decir, los productos (agroquímicos, semillas transgénicas, alimentos concentrados, medicinas), que son en definitiva, los causantes de la mayoría de las enfermedades crónicas modernas y esencialmente, de las relacionadas con el desequilibrio inmunológico del organismo.

En esa misma dirección, el historiador social y cultural Sheldon Watts, en su libro “Epidemias y poder. Historia, enfermedad, imperialismo”, narra como la medicina occidental no sólo se mostró incapaz de curar plagas como la peste negra, la sífilis, el cólera, la lepra, la fiebre amarilla o la malaria en los tiempos modernos, sino que, sometida al ímpetu colonial, fue de hecho agente e instrumento del imperialismo. Este mismo autor, concluye, que la enfermedad ha sido un elemento para ejercer el control, el dominio y la segregación social a lo largo de la historia, el cual parece un hecho más que indudable, difícilmente discutible (información obtenida en internet).

Por tanto, si se compara lo afirmado por Watts y este artículo, se obtendrían las siguientes fórmulas respectivamente: 1) Enfermedad + medicina = agente e instrumento del imperialismo. 2) Bioterrorismo = (Trasnacionales+Capitalismo+Colonización).

Por otro lado, es menester ilustrar que en los años 50 las enfermedades naturales más comunes se clasificaban básicamente en cardiovasculares, respiratorias, congénitas, digestivas, endocrinas, locomotoras y las producidas por las falsas pestes.
En cambio, en la actualidad se clasifican en todas las anteriores y además, en enfermedades oncogénicas, mutagénicas, teratogénicas, inmunosupresoras, nefrotóxicas, infecciosas (virus, bacterias, hepatitis, sida, armas biológicas), no infecciosas (cáncer, hipertensión, diabetes, armas biológicas).

Igualmente, es necesario subrayar, la aparición de males repentinos, comunes y alarmantes en infantes como: anemias, anorexia, amigdalitis, asma, alergias, bronquitis, rinitis, otitis, faringitis, enfermedades de los ojos (conjuntivitis, estrabismo, ceguera), epilepsia, dermatitis, diabetes, estreñimiento, hepatitis, paperas, poliomielitis, tuberculosis, toxoplasmosis, dengue, catarros, problemas renales y gástricos, hipertensión, sensibilidad a la leche (lactosa) y otros productos, obesidad, problemas de la piel (lupus), enanismo, depresión, autismo y otros.

No obstante, vale la pena acotar, por ejemplo, que el VIH-SIDA podría clasificarse como una enfermedad no infecciosa, si se evidenciará científicamente, que fue adquirida como consecuencia del consumo de productos alimenticios o afines, contaminados con aflatoxinas u otros tóxicos, puesto que, una de las consecuencias toxicas del consumo regular de las aflatoxinas, es precisamente la inmunosupresión.

Asimismo, el cáncer hepático podría no solo originarse por una hepatitis viral mal curada o por la ingesta periódica de alcohol, sino que podría ocasionarse por la aflatoxicosis, debido a que las aflatoxinas son sustancias biocumulativas y residuales a nivel hepático y renal.

El análisis precedente, es precisamente lo que sucedió (2005) en la Granja Los Zabaleta, ubicada en Barinas, en la cual murió todo el rebaño de cabras, producto de una intoxicación alimentaría por la aflatoxina contenida en el alimento concentrado “Cabrarina” de la marca Protinal. De este hecho, se derivó un juicio de María Zabaleta contra Protinal C.A., expediente Nº 4782, el cual fue declarado con lugar el 21 de mayo de 2007 y publicada la sentencia en internet el 15 de octubre de 2007.
( http://barinas.tsj.gov.ve/decisiones/2007/octubre/804-15-4782-511.html).
Visto de esta forma, se podría concluir, que la mayoría de las enfermedades y causas de muerte actuales, son el resultado del dominante, silencioso e invisible “bioterrorismo”. O ¿Cuál cree usted, que es la raíz de la aparición de las nuevas enfermedades y las causas de muerte del siglo XXI?

domingo, 27 de enero de 2008

LA TERCERA GUERRA MUNDIAL "BIOTERRORISMO" (1 PARTE)

No es un secreto, que el planeta y la vida humana matemáticamente están en peligro de extinción, no solo debido a los cambios climáticos, la contaminación ambiental, el deshielo, las inundaciones, la escasez de agua y alimentos, los terremotos, los tsunamis, entre otros, sino también motivado a otros factores que se han descuidado, entre ellos, la biotecnología o BIOTERRORISMO, la seguridad alimentaria, la inocuidad de los alimentos, las legislaciones…
Sin duda, “Bioterrorismo” solo es un nuevo término, puesto que a lo largo de la historia, distintas armas biológicas, llámese, toxina, virus, bacteria, epidemia, peste, pandemia u otras, han sido utilizadas con fines macabros, ocasionando la enfermedad y la muerte de infinidad de seres humanos y animales. La primera de ellas se inició en Egipto en 541 A.C. y acabó aproximadamente con el 60% de las poblaciones en el norte de África, Europa y parte de Asia. La segunda epidemia de peste ocurrió en Europa durante el año 1346, causando la muerte de millones de personas.
Más tarde, apareció el virus de la viruela, la plaga bubónica, la influenza, Yersinia pestis, Vibrio cholerae, Shigella spp. y B. anthracis.
En 1754, el Ejército Británico utilizó el virus de la viruela de manera intencionada en contra de los nativos norteamericanos. Y en el siglo XX el ejército alemán durante la Primera Guerra Mundial desarrollo el Bacillus Anthracis o Burkholderia mallei, los cuales fueron usados para contaminar el ganado vacuno que fue exportado a Rusia. Igualmente, durante la Segunda Guerra Mundial prisioneros en campos de concentración Nazis fueron expuestos a Ricketsia prowazekii, al virus de la hepatitis y Plasmodium spp. En consecuencia, no solo se debilitaron los batallones, sino que se beneficiaron los laboratorios farmaceutas al fabricar sulfonamidas y vacunas contra estos males.
En el mismo orden de ideas, en EUA a partir de 1942 se produjeron: esporas de B. Anthracis, micotoxinas (provocadas por Fusarium spp o lluvia amarilla), toxina botulínica, rotavirus, aflatoxinas, micotoxinas, ántrax y Salmonella typhimurium, que actúan bloqueando la síntesis de ADN en células humanas y por ende, afectando al sistema inmunológico.
Dicho de otro modo, se podría afirmar que nos encontramos simbólicamente en la tercera guerra mundial, sin misiles, ni balas, pero sí, con bombardeos continuos bioterroristas ocultos como por ejemplo: a) Los productos agroquímicos (banda verde, amarilla o roja); b) La biotecnología y los organismos manipulados genéticamente (OMG) como las semillas transgénicas y la conocida Revolución verde; c) Las aflatoxinas en alimentos; d) Los fármacos, vacunas; entre otros.
Es evidente, que en esta guerra también hay soldados disfrazados, llamados “profesionales, científicos, investigadores, doctores” en materia agroalimentaria (yo los llamaría especialistas en materia agrocomercial y de destrucción ambiental y humana). En este sentido, algunos expertos, aseveran que los productos agroquímicos son necesarios para eliminar malezas, enfermedades de las plantas e insisten en que dichos productos artificiales y antiecológicos ¡no repercuten en la salud humana!.
Por su parte, los inventores, fabricantes y promotores de las semillas transgénicas (OMG) y la conocida revolución verde, apuntan que es la solución más rápida para aumentar la productividad y abastecer de comida (granos y cereales) a la población mundial. Y así sucesivamente... Patentan y justifican la biotecnología o mejor dicho, el bioterrorismo.
Cabe considerar por otra parte, la expansión de una toxina o veneno (la palabra veneno es cuando hay intención de usar el toxico, cuando es por accidente solo se le llama toxina) silencioso biocumulativo y además, considerado mundialmente como el cancerígeno más potente existente sobre la tierra, y de hecho podría designarse al mismo tiempo, como el más fehaciente atentado de bioterrorismo enmascarado, al cual no se le ha prestado la debida atención, y me refiero a las AFLATOXINAS EN ALIMENTOS o aflatoxicosis por ingestión de alimentos contaminados.
Precisando de una vez, en Venezuela existen evidencias públicas, científicas y judiciales de intoxicaciones alimentarias por aflatoxinas, demostradas en dos hechos principales: 1) 2003. En los alimentos para mascotas de la marca PURINA-NESTLE y 2) 2005-2007. En alimento concentrado para cabras “Cabrarina” de la marca Protinal C.A. (juicio María Zabaleta contra Protinal). En la actualidad, el SASA Portuguesa confirmó la presencia de aflatoxinas en Pollarina 2A de la misma marca Protinal.
Debe señalarse, que la aflatoxicosis en humanos se origina principalmente por la ingestión de alimentos contaminados con aflatoxinas. Asimismo, si los animales de granja consumen alimentos concentrados contaminados con aflatoxinas, los productos y subproductos de origen animal (carnes, tejidos, huevos), por supuesto, envenenaran a los humanos.

A titulo ilustrativo, los investigadores y las organizaciones mundiales de salud (yo los llamaría cómplices de asesinato masivo) dogmatizan que las aflatoxinas se controlan con leyes que aceptan niveles máximos en los productos alimenticios tanto para animales de granja como para humanos. Pero, ustedes que opinan: ¿El veneno en pequeñas cantidades deja de ser veneno? O es medio veneno, casi veneno o preveneno.
De hecho, dos profesionales auténticos y responsables que testificaron en el juicio mencionado, afirmaron: A) “las aflatoxinas entran al organismo a nivel hepático, allí comienza su proceso de metabolización y transformación y se forman unos metabolitos intermediarios que son los verdaderamente tóxicos y, estos se fijan al ADN, que es la madre de la configuración genética y, al unirse a él, evita que la información genética de la síntesis de proteína y el procedimiento de las funciones no se cumpla; entonces, esa unión AFLATOXINAS-ADN, significa que a medida que vamos ingiriendo cantidades pequeñas de aflatoxinas vamos ingresando más cantidad de ADN clínicamente alterado, y además es el cancerígeno más potente que se conoce”. B) “… cantidades pequeñas de aflatoxinas por periodos largos meses o años pueden deprimir el sistema inmunitario, entre otros efectos biológicos”.
Por tanto, las aflatoxinas en alimentos constituyen un grave problema de salud pública, puesto que, las consecuencias toxicas de su consumo regular se puede resumir en: oncogénicas (cáncer hepático), teratogénicas (malformaciones de feto), mutagénica o genotoxica (destrucción del material genético ADN y ARN), nefrotóxica (inutiliza a los riñones) y repercute en el crecimiento y desarrollo mental en los niños. En fin, las aflatoxinas han sido y son las responsables en contribuir con los casos de cáncer y de las enfermedades del sistema inmunológico (VIH y SIDA).
En resumidas cuentas, la mal concebida, definida y conceptualizada “biotecnología” (porque bio, significa vida) y muy especialmente las AFLATOXINAS en alimentos, no solo constituyen una guerra biológica-ecológica y un modo de colonización para consolidar la dependencia agroalimentaria, medica, hospitalaria y farmacéutica (cuyo fin único es anteponer los intereses económicos por encima de los valores fundamentales), sino que se puede deducir indiscutiblemente, que las AFLATOXINAS son el arma bioterrorista más macabra y bélica que el hombre ha autorizado y que incuestionablemente se puede concluir que el bioterrorismo, rompe el orden biológico del planeta y amenaza la prosecución de la raza humana.